Guia turística de París

Torre Eiffel de ParísEn esta guía turística visitamos París, la ciudad del amor, de la luz, de las grandes avenidas. París responde a miles de calificativos. Basta visitarla una sola vez para enamorase de ella, de sus históricos y cuidados edificios y de sus, a veces, tranquilos parques en los que sentarse a dar de comer a los patos o simplemente a disfrutar del momento. Pasear por las calles por las que Montecristo, los mosqueteros o Jean Valjean corrieron sus muchos avatares tras páginas y más páginas escritas por Dumas (o alguno de sus negros literarios) y Víctor Hugo. París inspira. Uno de los mayores atractivos que ofrece, además de los lugares característicos, es perderse para encontrarse a uno mismo. Plagada de rincones cargados de romanticismo es también una ciudad para compartir.

La Santa Capilla es sin duda uno de los lugares con más encanto de París. Se trata de una capilla de estilo gótico en la que las vidrieras tienen el dominio absoluto de la construcción. Todo un homenaje al color y la luz propios de la época en la que nació una de las iglesias más bonitas del mundo. Fue Luis IX quien ordenó su elevación en 1243 con el objetivo de recibir en ella la corona de espinas de Jesucristo (son ustedes libres de creer que una corona de estas características se conserve trece siglos después) y guardar también entre sus vanos varias reliquias.

La componen quince vidrieras separadas por otras tantas columnas extremadamente finas que alcanzan los quince metros de alto y que finalizan en un techo policromado. Consta de dos capillas: una inferior, destinada al pueblo, y una superior, la más espectacular, en la que se congregaban los parisinos más adinerados. La primera cuenta con tres naves y es, lógicamente, mucho más oscura que la superior, con una sola nave y en la que se encuentran doce estatuas que representan a cada uno de los apóstoles. El dorado es uno de los colores predominantes en esta impresionante obra y ejemplo del mejor gótico. Impresiona también la aguja que corona.

NUESTRA SEÑORA DE PARÍS

Es la catedral de la ciudad. Localizada en la Isla de la Cité, cerca de la Sainte Chapelle, es la iglesia más emblemática de Francia. Fue en 1161 cuando el obispo Maureice de Sully decidió agrupar los distintos santuarios de la zona en uno sólo mucho mayor. Así surgió una de las catedrales más prolíficas de la literatura. Son famosas sus gárgolas y los arbotantes que le dan un aspecto característico e inconfundible. La sencillez de su fachada principal, con dos torres simétricas y planas en su parte más alta, contrasta con lo enrevesado y fastuoso de la parte trasera, en la que se encuentra también un pequeño jardín digno de ver y disfrutar. En la actualidad el interior se muestra demasiado oscuro para poder disfrutar plenamente de todos sus detalles. Como curiosidad, ésta es la última catedral que cuenta con el segundo nivel propio de su tiempo, en el que la gente escuchaba misa y los peregrinos eran alojados.

MUSEO DEL LOUVRE

El del Louvre se ha convertido, sin duda, uno de los museos más importantes del mundo, no sólo por su extensión, si no por la cantidad de obras representativas de todos los estilos que alberga en sus múltiples salas. Se encuentra situado en el Palacio del Louvre, residencia de reyes que fue completada siglo tras siglo. En sus orígenes, que datan del siglo XII, fue una fortaleza y poco a poco se le añadieron nuevos pabellones. La última pieza de este enorme puzzle arquitectónico es la pirámide de cristal, colocada en 1989, en la que se aloja la entrada al museo, que adquirió esta denominación durante la Ilustración. Del castillo medieval que se elevaba en la zona sólo quedan los cimientos y parte del foso, que pueden visitarse.

En 1527, Francisco I encargó al arquitecto Pierre Lescot la construcción de una residencia real que sufriría su primera ampliación por orden de Catalina de Medici, quien pidió una segunda residencia al oeste del Louvre, en las Tullerías. Esta fue simplemente el inicio de una larga serie de ampliaciones que aún hoy continúan. El museo se divide en siete departamentos, organizados por temas: las Antigüedades Orientales y las Artes del Islam, las Antigüedades Egipcias, las Antigüedades Griegas, Etruscas y Romanas, los Objetos de Arte en general, las Esculturas, las Artes Gráficas y la colección de Pintura. La Gioconda es una de las obras más conocidas que alberga entre sus paredes.

LAS TULLERÍAS

Uno de los jardines más famosos de París. Une el Louvre con la Plaza de la Concordia, en la que un enorme obelisco roza el cielo. Este jardín formaba parte del palacio del mismo nombre en el que Napoleón instaló su residencia y que posteriormente fue destruído. Con un pequeño lago al final de su recorrido, viniendo del museo, invita al descanso y la tranquilidad. Merece la pena, después de disfrutar de este reducto de naturaleza en plena ciudad, continuar con el paseo por los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo.

ARCO DEL TRIUNFO

Arco del Triunfo en ParísJunto con la Torre Eiffel, se ha erigido como uno de los símbolos de identificación de Francia en el exterior. Situado al final de los Campos Elíseos, fue levantado por orden de Napoleón para conmemorar la victoria de la batalla de Austerlitz en 1805 imitando el estilo romano. Consta de cuatro pilares que simbolizan el Triunfo, la Resistencia, la Paz y la Marsellesa. En sus muros están grabados los nombres de los revolucionarios franceses y las victorias de Napoleón. En el interior se aloja un museo del mismo que cuenta su historia y permite el acceso a lo más alto del arco, desde donde se disfruta de una maravillosa vista de los Campos. Bajo él se encuentra también la Tumba del Soldado Desconocido de la I Guerra Mundial (en la foto), con el lema “Aquí yace un soldado francés que murió por la Patria. 1914-1918”.

TORRE EIFFEL

Toma su nombre de su creador, el ingeniero francés Gustave Eiffel, quien elevó esta joya de la arquitectura metálica con motivo de la Exposición Universal de 1889. Con 317 metros de altura es la mayor atracción de la ciudad. Las colas para ascender a lo más alto son kilométricas. Merece la pena subir hasta el tercer nivel para disfrutar de unas vistas increíbles y sentirse casi en el cielo. Desmerecen las típicas tiendas para turistas que se alojan en uno de sus niveles, que desaparecen por suerte en el último, el más impresionante y vertiginoso, debido al estrechamiento de la plataforma. La corona una antena que le da una forma aún más alargada y estilizada. La iluminación nocturna es simplemente espectacular.

SAGRADO CORAZÓN

Esta monumental iglesia se encuentra situada en lo alto de Montmatre, uno de los barrios más pintorescos y típicos de París. Se recomienda ascender hasta ella dando un paseo desde Pigalle, donde se levanta el Moulin Rouge, y pasando por el barrio de los pintores. Lo ‘malo’ de esta ruta, además de las cuestas, son las excesivas tiendecillas. Una vez en lo alto se puede aprovechar para sacar panorámicas de la ciudad y recuperar aliento en las escalinatas. Para los más perezosos existen medios alternativos a las propias piernas como el funicular. Su construcción se inició en 1875 y finalizó en 1914, aunque inmersos los franceses en plena guerra, su consagración tuvo que esperar al final de la invasión alemana, en 1919.

LOS INVÁLIDOS

Este edificio del siglo XVII fue en origen la residencia de los veteranos de guerra inválidos que no tenían hogar a su vuelta a la vida civil. Así surgió este Hôtel des Invalides de la mano de Luis XIV. Actualmente contiene en su interior el museo del Ejército de la ciudad y la tumba de Napoleón, cuyos restos fueron trasladados en 1840 desde la isla de Santa Elena, además de las tumbas de varios mariscales. Su mayor atractivo es la cúpula dorada que lo coronan y de la que desde lo alto de la Torre Eiffel se tiene una inmejorable vista (la foto lo demuestra).

LA ÓPERA GARNIER

Un edificio coronado con figuras doradas que requiere tranquilidad y paciencia para apreciar cada uno de sus detalles. De fachada rectangular y con una mínima escalinata para acceder a él, el Palacio Garnier toma el nombre del arquitecto que lo diseñó. Fue inaugurado el 5 de enero de 1875 y aún hoy sigue siendo utilizado para múltiples espectáculos.

La entrada impresiona por el alarde de elementos que advierten de lo que encontraremos después. Un rico y algo recargado interior deja con la boca abierta a todo el que accede a él. Palcos de terciopelo rojo (algunos pueden visitarse) y una escena impresionante. En sus pasillos, diversas vitrinas con muestras de vestuario de épocas pasadas y sofás en los que sentarse a descansar después de una jornada dura de visitas al tiempo que imaginamos cómo debían ser las grandes óperas. Una amplia avenida comunica este palacio directamente con el Louvre. Por detrás se sitúan las conocidas Galerias Lafayette.

PALACIO Y JARDINES DEL LUXEMBURGO

El edifico data de 1615, cuando fue construido para María de Medicis. En la actualidad alberga el Senado francés. La soberana, viuda sólo un día después de ser coronada debido al asesinato de su marido, decidió retirarse a este majestuoso edificio olvidándose de la corte del Louvre, que consideraba atrasada y medieval. El Palacio lo completan unos impresionantes jardines que inspiraron a grandes de la literatura gala como Alejandro Dumas y Víctor Hugo y que invitan a sentarse en uno de sus muchos bancos para leer.

La intención de la Regente era lograr una copia, más o menos exacta, del palacio italiano en el que pasó su niñez. En los alrededores de estos poéticos jardines se encuentran la Sorbona y el Panteón. Durante la Revolución el edificio se convirtió en prisión y en el periodo de la invasión alemana fue utilizada por los germanos como cuartel general, construyendo también un búnker bajo el jardín. El único monumento que se conserva de su época de mayor esplendor es la Fuente de María de Médicis (en la foto). También se puede ver, aunque rebuscando mucho, la estatua de la Libertad original, de la que los franceses hicieron una copia gigante para regalar a los estadounidenses.

Imágenes: OM

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